Recuerda abrir tu tupper

En la mayoría de las oficinas ocurre: al terminar la jornada laboral, los computadores se apagan, las luces también, se cierran las puertas con llave y las personas se despiden… pero el trabajo no siempre se queda allí. Viaja en la mente de los trabajadores hasta sus casas, y a veces incluso aparece antes de dormir. O en los sueños. ¿A quién no le ha pasado?
A este fenómeno algunos especialistas lo describen de forma metafórica como síndrome del tupper: emociones, preocupaciones y tensiones que se guardan como si estuvieran dentro de un recipiente hermético y se trasladan de un espacio a otro sin liberarse. Como el contenido del almuerzo que llevamos a la oficina, pero alto, altísimo en cortisol.
Desde la mirada de la psicología laboral, este “tupper mental” representa un problema creciente en un mundo donde las fronteras entre trabajo y vida personal son cada vez más difusas. El resultado suele ser una acumulación silenciosa de estrés, cansancio emocional y dificultad para desconectarse verdaderamente. Y si a eso le sumamos que tenemos que cocinar para el almuerzo del día siguiente y movilizarnos durante largos ratos para llegar a nuestras casas, significa que no solamente nuestra mente sigue en el trabajo: nuestro cuerpo también sigue realizando actividades relacionadas a él.
EL OCIO ES UNA NECESIDAD
Frente a este escenario, en Fibra queremos destacar y recordar que los pasatiempos, el ocio y las actividades que nos gustan no son un lujo: son una necesidad psicológica. Actividades tan simples como salir a correr, pintar, ir al cine, tocar guitarra, cocinar, reír con nuestros amigos, jugar con nuestros hijos o leer una novela funcionan como una ruta de escape para la mente. Estos momentos permiten que el cerebro cambie de ritmo, reduzca el nivel de tensión y se recupere del esfuerzo constante que implica la jornada laboral.
Pero los pasatiempos también cumplen otra función menos evidente: ayudan a recordar que la identidad de una persona no se reduce a su cargo o a su productividad. Cuando alguien dedica tiempo a una actividad que disfruta, fortalece una dimensión personal que no depende de metas, plazos ni resultados laborales. En otras palabras, abre el “tupper” y deja salir aquello que se había acumulado durante el día.
En tiempos donde el trabajo ocupa una parte importante de la vida cotidiana, intentamos enviar un mensaje: desconectarse también es parte de trabajar bien. Mantener espacios de relajo, cultivar intereses personales y reservar tiempo para actividades que generen placer no solo protege la salud mental, sino que también permite volver al trabajo con mayor creatividad, energía y equilibrio. Así, lo hacemos mejor. Porque, al final del día, una mente que respira fuera de la oficina es una mente que rinde mejor dentro de ella.
Así que, por favor, intenta todos los días abrir tu tupper. Aunque sea por un ratito.

